“¡Se acabó el honor!”. Se oían gritos desesperados a lo largo y ancho de los corredores repletos de columnas de jade y nácar. Tronaban las espadas de los guardias sorprendidos, al caer sobre los suelos de mármol y ébano. Y sobretodo, retumbaban sus latidos como tambores de guerra en mitad de cavernas del limbo.








